| La Simplicidad |
al Lado Lejano de la Complejidad por "Jo Gau" Eric Myers |
"Yo no daría ni un higo por la simplicidad en este lado de la complejidad; daría
mi brazo derecho por la simplicidad al lado lejano de la complejidad."
Oliver
Wendell Holmes
La cita de Holmes reconoce dos tipos de simplicidad. La primera es una simplicidad falsificada. Esta simplicidad resulta al ignorar las preguntas difíciles, las dificultades, y las complejidades. Podríamos llamarle a esta simplicidad, la sobresimplificación. El segundo tipo de simplicidad resulta al haberse enfrentado a la complejidad, y haber visto más allá del aparente caos , hasta la simplicidad de los principios que se encuentra más allá de la complejidad dinámica.
A este segundo tipo de simplicidad se le podría llamar la simplicidad verdadera. Es la simplicidad al alcance del Maestro de Wing Chun. Esta simplicidad es el resultado de haber reconocido la complejidad de una peléa dinámica, y trasparla hasta llegar a los ritmos y patrones debajo de la superficie. Esta es la simplicidad que vale su própio peso en oro.
El Budismo Zen tiene un concepto llamado la mente del principiante. Esta mente del principiante no es en realidad la mente de un verdadero novato. De hecho, Zen describe el proceso como un proceso de tres partes. Primero está la mente del novato. El novato es esencialmente un ignorante. El entendimiento del novato es mínimo, y siendo así él ve soluciones donde no las hay. El a menudo no se da cuenta de la complejidad tan sutil del combate. Conforme él comienza a entrenar, el novato llega a ser un experto. El experto ve mil técnicas, un kaleidoscopio de complejidad. El experto casi se paralisa al encarar la complejidad. ¿Qué técnica debería usar? ¿Cuál es el tiempo correcto en el cual ejecutar la técnica? ¿Cuánto poder debería usar? ¿Qué debería hacer si su enemigo responde así? ¿Cómo debería responder si el enemigo hace esto? Para el experto hay más preguntas que respuestas. Artistas marciales en esta etapa de su desarrollo, a menudo se enamoran de la técnica, y pierden vista de el resultado final. Es también en esta etapa de la jornada que con frecuencia oímos el consejo que hay que dominar unas cuantas técnicas favoritas y depender fielmente en ellas.
Pero el Wing Chun no se detiene ahí. Si el Wing Chun fuera basado en las técnicas, allí acabaría el desarrollo. Pero el Wing Chun es basado en principios, así que toma un paso más. En el budismo Zen este último paso se llama la mente del principiante. Esta es la verdadera simplicidad al lado lejano de la complejidad. Aquí al otro lado de la complejidad, uno no tiene respuestas a las preguntas que se encuentran en la complejidad. En este lado de la complejidad uno ha comenzado a lograr un firme entendimiento de los principios, los patrones y los ritmos del Wing Chun, por lo tanto uno no obtiene las respuestas, sino que uno llega a ser las respuestas al crear la técnica apropiada para la situación que se presenta.
Esta verdadera simplicidad es el resultado de el conocer los principios, y ver los patrones, y sentir los ritmos. Esta simplicidad es creativa. No es el resultado de el deshacer la complejidad y verla como si fueran muchas piesas discretas, sino que la verdadera simplicidad resulta al haber visto la totalidad, y traspasarla hasta llegar a sus fundamentos. Aquí se encuentra el poder de el Wing Chun: el que los principios le permiten a uno crear una solución espontánea. Así el Wing Chun pruede transcender la técnica sin ignorar la complejidad.
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